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Palabras de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, a dos años del triunfo histórico democrático del pueblo de México – AMLO

julio 1, 2020


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2020, Año de Leona Vicario, Benemérita Madre de la Patria

Hoy se cumplen dos años de la memorable jornada cívica que nos permitió llegar, por mandato popular, a la Presidencia de la República. Cinco meses después tomamos posesión del cargo y desde entonces lo hemos venido ejerciendo en representación del pueblo, el mismo pueblo al que ahora rindo cuentas sobre lo alcanzado en estos primeros 19 meses de una nueva etapa en la vida pública de México.

Como es sabido, estamos llevando a cabo una auténtica transformación política, económica, social y cultural, guiados por los ideales y principios de la honestidad, la justicia, la libertad, la democracia y la fraternidad.

Me gustaría explicar de manera sencilla lo que hemos logrado desde que somos gobierno:

Nunca se ha reprimido al pueblo ni hemos permitido masacres; se eliminó la tortura y otras violaciones a los derechos humanos que eran prácticas habituales; se está haciendo justicia en el caso de los jóvenes de Ayotzinapa; se atiende a víctimas de la violencia y del neoliberalismo, como el caso lamentable de la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora; se eliminó el CISEN, los sistemas de espionaje político y al Estado Mayor Presidencial; no se espía ni se persigue a nadie y la oposición se manifiesta con libertad; nunca, en más de un siglo, se había insultado tanto a un presidente de la república, y la respuesta ha sido la tolerancia y la no censura; no se permite la corrupción y se redujo en 95 por ciento el robo de combustibles; las grandes corporaciones nacionales y extranjeras han pagado adeudos pendientes a la hacienda pública; quedó prohibida la condonación de impuestos; se han presentado denuncias penales contra falsificadores de facturas; y se convirtió en delito grave la defraudación fiscal.

La austeridad del gobierno es una realidad; la presidencia dispone de un presupuesto, 70 por ciento menor al ejercido por la anterior administración; se redujeron los sueldos de los altos funcionarios en 50 por ciento y se eliminó el uso de aviones y helicópteros; los servidores públicos ya no disponen de servicio médico privado ni de caja de ahorro especial con cargo al erario; se cancelaron las pensiones millonarias a expresidentes de la república; solo estamos dejando lo necesario de la estructura administrativa; no hay derroche y se terminó el lujo insolente en el gobierno.

Se han ahorrado alrededor de 270 mil millones de pesos en compras y contratos de obras y servicios; un ejemplo, el aeropuerto Felipe Ángeles nos va a costar 220 mil millones de pesos menos que el proyectado en Texcoco. Ya comenzamos la construcción de 922 kilómetros de vías férreas para el Tren Maya; estamos reconstruyendo seis refinerías y construyendo una nueva en Dos Bocas, Paraíso, Tabasco, para que en 2023 alcancemos la autosuficiencia en gasolinas y diésel, y dejemos de importar estos combustibles. Se recuperó la producción petrolera; ya estamos extrayendo un millón 753 mil barriles diarios y hemos aumentado las reservas probadas en 172 millones de barriles, 2.45 por ciento más de lo que había cuando llegamos al gobierno. Esta restitución de reservas no se había logrado en una década.

Inició el proyecto del corredor del Istmo de Tehuantepec con la ampliación de los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, la modernización del ferrocarril del Pacífico al Golfo de México y la creación de diez parques industriales en esa franja estratégica para la industria y el comercio internacional. Continúa el plan de apoyo fiscal y de estímulos económicos en la frontera norte del país.

Hemos dado mantenimiento a 52 mil kilómetros de carreteras y se modernizan 300 kilómetros más. Se han construido 422 kilómetros de caminos de concreto con mano de obra comunitaria en municipios de Oaxaca; terminamos el tren urbano de Guadalajara y se continúa construyendo el de Toluca-Ciudad de México; hemos concluido dos presas para riego y de protección ante inundaciones y trabajamos en dos más; se han mejorado, ampliado o construido 17 mil 974 viviendas para familias pobres; se han hecho obras de mejoramiento urbano en colonias populares de 17 municipios. Están rehabilitándose con la participación de madres y padres de familia 50 mil escuelas; se han creado 100 universidades públicas; se inició la creación del complejo artístico y cultural Los Pinos, que incluye todo el Bosque de Chapultepec, así como el parque ecológico del Lago de Texcoco con una inversión autorizada para ambas obras de mil 600 millones de pesos.

No se han otorgado nuevas concesiones mineras, no se permite el uso de semilla de maíz transgénico ni las prácticas del fracking. En todas las obras que estamos realizando se consulta a las comunidades y se respeta el medio ambiente. En ningún país del mundo se están sembrando como en México un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables.

En materia de salud se han terminado 32 hospitales; hemos contratado a 46 mil 954 trabajadores de la salud. Ciertamente, no se puede hablar de salud sin hacer referencia a la pandemia del coronavirus, una crisis sanitaria mundial que nadie esperaba y para la que ningún país estaba preparado. Lamento, antes que nada, que muchos hayan perdido la vida a consecuencia del COVID-19 y envío desde aquí nuestras condolencias a sus familiares.

Pero señalo también que hemos logrado reducir la intensidad del contagio, que pudimos ampliar a tiempo la infraestructura de salud con camas, ventiladores y otros equipos, y que se capacitó en un breve tiempo a decenas de miles de profesionistas médicos y de trabajadores hospitalarios. Afortunadamente, como resultado de ese esfuerzo, en que ha colaborado personal civil y militar, médico y administrativo, especialistas, enfermeros, enfermeras, camilleros e ingenieros, personal diplomático, tripulaciones de aviación y trabajadores aeroportuarios, todos por igual, ningún enfermo se ha quedado sin ser atendido, nadie ha sido discriminado y el servicio médico se ofrece de manera gratuita; también informo que del número total de afectados por la pandemia se han recuperado  198 mil 320, muchos de ellos, gracias a la entrega humanitaria ejemplar de los médicos, de las enfermeras y del personal de salud en general.

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Agradezco la solidaridad de los gobiernos de Cuba, de China y de Estados Unidos; así como el apoyo de las empresas privadas nacionales dedicadas a la salud y de las organizaciones de la sociedad civil.

Desde luego, la mitigación de los efectos perniciosos de la pandemia en la salud de las personas y en la economía no sería posible sin una población que en su gran mayoría se ha comportado con sensatez, disciplina y mucha generosidad. No han sido menores los sacrificios que la sociedad ha tenido que hacer para reducir el peligro de una curva pronunciada que habría significado el desbordamiento del sistema de salud. Pero se ha informado con transparencia y precisión, el país ha comprendido la naturaleza del riesgo que enfrentamos, ha acatado casi siempre las recomendaciones de los expertos y entre todos estamos saliendo delante de esta difícil circunstancia.

Hemos comenzado a promover la recuperación económica, mediante el apoyo a los más pobres y a las pequeñas empresas y negocios; en solo tres meses, hemos otorgado un millón 278 mil créditos y llegaremos a cuatro millones; se está impulsando la creación de dos millones de empleos nuevos. Ocho millones de adultos mayores reciben puntualmente su pensión, lo mismo que 745 mil niñas y niños con discapacidad.

Se otorgan 11 millones de becas para estudiantes pobres de todos los niveles escolares; 409 mil jornaleros reciben un salario para trabajar en sus propias parcelas en el programa Sembrando Vida; 600 mil jóvenes están contratados como aprendices y 350 mil han concluido su capacitación; dos millones 400 mil campesinos y pescadores reciben apoyos directos en efectivo; se compran los productos del campo a precios de garantía y se ofrece en 31 mil 500 tiendas y lecherías una canasta básica de alimentos a precios bajos; por dos años se han entregado fertilizantes gratuitos a todos los productores de Guerrero; en fin, este año la inversión que llegará de manera directa a la gente alcanzará los 650 mil millones de pesos, cantidad que nunca habían recibido, sobre todo, los más pobres y olvidados de México.

La pandemia precipitó la crisis del modelo neoliberal; y a diferencia de otros tiempos, nuestra estrategia para remontar la caída de la economía ha sido radicalmente distinta. En vez del sofisma neoliberal según el cual, “si llueve fuerte arriba gotea abajo” —como si la riqueza fuera permeable y contagiosa—, ahora nosotros destinamos los apoyos para el bienestar empezando por la base de la pirámide social y de allí hacia su cúspide.

Antes de la crisis sanitaria, 18 millones de hogares, de un total de 32 millones, eran beneficiados de cuando menos uno de los programas sociales en curso; es decir, el 55 por ciento del total de familias. Ahora nos hemos propuesto para finales de este año, llegar a 25 millones de hogares, el 70 por ciento del total del país.

Aclaro tres cuestiones; primero que los de abajo, los de la base piramidal reciben más beneficios porque se trata de los pobres y no puede haber trato igual entre desiguales. A ellos les puede corresponder más de un apoyo y se atiende a casi el 100 por ciento de las familias, en particular, a las comunidades indígenas; lo segundo es que en el 70 por ciento de la población preferente se contempla también la protección a los trabajadores al servicio del Estado, maestros, médicos, enfermeras, soldados, marinos, oficinistas, administradores, técnicos, obreros y empleados de Pemex, la Comisión Federal de Electricidad y otras empresas públicas. En fin, este segmento de 25 millones de hogares, equivalente al 70 por ciento de la población, va desde los muy pobres hasta la clase media-media.

Con esta inyección de recursos rápida y directa a las familias se está fortaleciendo la capacidad de compra o de consumo de la gente y con ello estamos reactivando pronto la economía.

También estamos persuadidos que un gobierno democrático, aun cuando por justicia debe darle preferencia a los más necesitados, tiene la obligación de procurar el bienestar de todas las personas; de modo que es necesario aclarar lo que estamos haciendo por el restante 30 por ciento de las familias que se ubican de la clase media alta hasta las personas de mayores ingresos en el país.

Por orden de importancia sostengo que el principal beneficio que estamos dando, con respeto y responsabilidad, a este sector de la población, reside en conseguir la paz y la tranquilidad en México.

Como todos sabemos, ningún mal se equipara a la violencia y nada es más valioso que vivir en paz. Todos los días desde las seis de la mañana y, de lunes a viernes, realizamos en Palacio Nacional reuniones del gabinete integrado por los secretarios de Gobernación, Defensa, Marina y Seguridad para recibir reportes del país sobre esta materia y tomar decisiones que permitan enfrentar los distintos delitos que se cometen: homicidios, feminicidios, secuestros, asaltos, robos y otros agravios, así como violaciones a los derechos humanos. Pero lo más efectivo es precisamente lo que hacemos en el tema de atender las demandas de los más pobres y marginados, en el entendido que la paz es fruto de la justicia.

Esta nueva política de seguridad empieza a dar resultados: durante el tiempo que llevamos en el gobierno hemos podido mantener, sin aumento sensible, el delito de homicidio y hemos roto la tendencia histórica de su crecimiento. Así mismo se han reducido considerablemente el resto de los ilícitos en comparación con noviembre de 2018; por ejemplo, el robo de vehículo ha disminuido en 41 por ciento, el secuestro en 25 por ciento, el robo a transporte público colectivo en 58 por ciento, el robo a transporte público individual en 36 por ciento, el robo a casa habitación en 27 por ciento, el robo a negocio 24 por ciento, el robo a transeúnte 45 por ciento, y así en casi todos los delitos. Aclaro que todo esto se ha hecho con trabajo conjunto, en particular, del Gabinete de Seguridad; agradezco mucho el apoyo y la lealtad de las Fuerzas Armadas, de manera especial el apoyo del General secretario de la Defensa y del Almirante secretario de Marina, de todos los servidores públicos encargados de esta tarea han actuado con perseverancia, profesionalismo, rectitud, inteligencia y no como era antes, solo con el uso de la fuerza. Aquí destaco que ahora, a diferencia de otros tiempos, en los enfrentamientos entre elementos del orden y las bandas de la delincuencia, son más los heridos y detenidos que los muertos; es decir, se acabó el “remátalos”, “el mátalos en caliente” y la orden de que “ustedes hagan su trabajo y nosotros nos encargamos de los derechos humanos”.

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Pero nuestro modelo no solo significa bienestar y seguridad para la paz y la tranquilidad de todos los mexicanos también ofrece al 30 por ciento de la población con mejores condiciones económicas la posibilidad de hacer negocios, obtener ganancias lícitas y progresar sin trabas o ataduras. Señalo, de paso, que se combate sin excepciones ni favoritismos, la corrupción y la impunidad y que existe un auténtico Estado de Derecho. Además, no hemos aumentado impuestos ni el precio de las gasolinas, el diésel, el gas y la electricidad. Agrego que, en los proyectos de extracción de petróleo, generación de energía eléctrica y construcción de vías férreas, puertos, carreteras y otras obras y servicios públicos participan compañías cuyos dueños, en su mayoría, son empresarios mexicanos.

Pero, sobre todo, los sectores de mayores ingresos se ven beneficiados con el fortalecimiento de la capacidad de consumo de las clases populares, las cuales, al elevar su poder adquisitivo, fortalecen el mercado nacional, lo que a su vez mejora el panorama para la industria, el comercio y los servicios. Atendemos a los pobres por convicción y por humanismo, pero también lo hacemos porque creemos que si destinamos recursos a los menos favorecidos habremos de lograr una más rápida reactivación de la economía para salir de la crisis. Además de la experiencia propia, repito aquí lo que sostenían Ricardo Flores Magón, Juan Sarabia y otros revolucionarios en el Plan Liberal de 1906; decían: “…cuando el pueblo es demasiado pobre, cuando sus recursos apenas le alcanzan para mal comer, consume solo artículos de primera necesidad, y aun estos en pequeña escala…” y, al mismo tiempo, aseguraban “cuando los millones de parias que hoy vegetan en el hambre y la desnudez coman menos mal, usen ropa y calzado y dejen de tener petate por todo ajuar, la demanda de mil géneros que hoy es insignificante aumentará en proporciones colosales y la industria, la agricultura, el comercio, todo será materialmente empujado a desarrollarse en una escala que jamás se alcanzaría mientras subsistieran las actuales condiciones de miseria general.”

Abundando sobre los beneficios que reciben y podrán acrecentar las familias de mejores ingresos en el país, destaca el enorme campo de negocios que abre la ratificación del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

Por cierto, el día de hoy inicia su aplicación el T-MEC, en un momento por demás oportuno, pues la vecindad con la economía más fuerte del planeta en las circunstancias actuales de recesión global nos ayudará a impulsar nuestras actividades productivas y a crear nuevos empleos. Este es el motivo principal de mi próximo viaje a Estados Unidos de Norteamérica y mi encuentro con el presidente Donald Trump.

Es un hecho que el Tratado atraerá más inversión extranjera para la industria de exportación; se crearán más oportunidades de negocios para empresarios y comerciantes, así como puestos de trabajo mejor pagados en beneficio de técnicos y profesionales con altos niveles académicos. Ello, además de la generación de empleos para mujeres y hombres del Bajío y del norte del país; debe tenerse en cuenta que actualmente trabajan en las plantas maquiladoras tres millones de obreros y que, de ellos, un millón pertenece a la industria automotriz. 

Agréguese que estas cadenas productivas integradas a Estados Unidos y Canadá se fortalecerán por los reacomodos que se están realizando en el comercio mundial. México es, pues, un país de oportunidades en el que sus habitantes de todas las clases sociales podrán gozar de bienestar, paz y felicidad.

Esta nueva estrategia, insisto, nos permitirá una recuperación pronta de la economía y empiezan a percibirse buenos resultados. Por ejemplo, a pesar de la pandemia, según datos del Sistema de Administración Tributaria (SAT), de enero a junio, los ingresos de las principales tiendas de autoservicio en el país (Walmart, Oxxo, Soriana, Chedraui y otras), sumaron 564 mil millones de pesos, cifra superior en 59 mil millones con relación al mismo periodo de 2019; es decir, vendieron 8.8 por ciento más en términos reales.

Las remesas que envían nuestros paisanos a sus familiares, según datos preliminares, se han incrementado durante el primer semestre de este año, también a pesar de la pandemia, en 10 por ciento con relación al mismo periodo del año pasado. Aquí abro un paréntesis para informar que hoy, el Banco de México, dio a conocer que las remesas del mes de mayo aumentaron en 18 por ciento con relación al mes de abril, lo cual refuerza mi pronóstico de que ya pasó lo peor de la crisis económica. 

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Además, la pérdida de empleos ya tocó fondo; en abril se dio de baja en el seguro social a 555 mil trabajadores; en mayo a 345 mil y en junio ya solo se perdieron 83 mil empleos. Estoy convencido que, en este mes de julio, si no aumenta el número de empleos cuando menos se mantendrán los 19 millones 500 mil trabajadores que hoy están inscritos en el seguro social.

Asimismo, la recaudación de impuestos, en el primer semestre del año, aumentó en 53 mil 643 millones de pesos; es decir, se mantuvo igual que el año pasado en términos reales; el peso se ha venido recuperando poco a poco y su depreciación, durante el tiempo que llevamos en el gobierno, ha sido del 12 por ciento; sin embargo, lo más importante es que hemos conservado con trabajo, honestidad y justicia, la gobernabilidad, la paz y la tranquilidad en el país, y  continúa encendida la llama de la esperanza.

La mayoría de los mexicanos están conscientes de que estamos enfrentando momentos difíciles, pero existe una inquebrantable fe en la transformación política, económica, social y cultural que hemos iniciado desde abajo y entre todos.

Muchos, millones de mexicanos, hombres y mujeres, saben que lo más importante de todo es desterrar por completo la corrupción que imperaba en los gobiernos neoliberales. Muchos, afortunadamente, no olvidan que la deshonestidad en el servicio público y el contubernio entre el poder político y el poder económico, ha sido la causa principal de la desigualdad, de la violencia y de la degradación pública.

Por eso nada nos detendrá en el propósito de transformar a México por la vía pacífica, de manera rápida y profunda. Sostengo que, para el primero de diciembre de este año estarán ya establecidas las bases de la nueva forma de hacer política. Para entonces habremos terminado con las principales reformas legales y quedarán asentadas en la consciencia ciudadana las ideas de justicia, honestidad, austeridad, bienestar y democracia.

Sobre esto último, hoy, primero de julio, día que para muchos es sinónimo de democracia, expreso que aun cuando hemos avanzado haciendo valer el principio de la separación de poderes, el Estado de Derecho, la aplicación de la revocación de mandato y la abolición de fueros e inmunidades de los servidores públicos y aunque es evidente que existe una mayor participación ciudadana, todavía nos falta erradicar por completo el fraude electoral y convertir el apego a los principios democráticos, en cimiento inamovible de nuestra cultura cívica.

Por eso he dicho que, en las próximas elecciones, sin dejar de respetar las decisiones de los órganos electorales autónomos, como el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, vamos a estar todos atentos para que las elecciones sean verdaderamente libres y limpias.

Cuando hace unos días expresé este compromiso por la democracia, algunos se molestaron y empezaron a vociferar que eso era intromisión, injerencia.

Olvidan que la democracia implica, en primer lugar, el respeto al mandato del pueblo, un mandato que en el pasado reciente fue atropellado por las prácticas del fraude impulsadas desde la cúspide de los poderes político y económico y solapadas por las autoridades electorales. Por ello, desde el 1 de diciembre de 2018, dejamos en claro que no incurriríamos en esas acciones abyectas, que observaríamos una estricta imparcialidad partidista y que respetaríamos los resultados electorales de cualquier signo.

Pero también reitero que actuaremos denunciando sin titubeos y firmeza el fraude electoral, con el mismo criterio que sostuvo Francisco I. Madero y que expresó en Ciudad Juárez en 1911 tras el triunfo de la Revolución, en una declaración de prensa en la que sostuvo:

Al subir yo al poder, voy encarnando dos principios: uno de ellos, sancionado ya por la Constitución, y que de mi depende que se cumpla, y que es el de la No Reelección. Otro el Sufragio Efectivo. Para lograr este último se necesita reformar la ley electoral y esto depende principalmente del pueblo. Pero yo me voy a constituir en el principal guardián de esa prerrogativa popular y consideraré que mi principal deber es facilitar la libre manifestación de la voluntad popular, a fin de que las leyes sean genuina expresión de esa voluntad. En una palabra, voy a ser el principal amigo y defensor de las libertades del pueblo. Por los momentos históricos porque atraviesa México, considero secundario todo lo demás.

Amigas y amigos:

Gracias, gracias por seguir confiando en mí; el apoyo de ustedes ha sido fundamental para triunfar y enfrentar a la reacción conservadora. La victoria ha sido de todos, de los precursores y de los de ahora. El gobierno también es de todos, es del pueblo, para el pueblo y con el pueblo.

Les refrendo mi compromiso de continuar siendo fiel a los principios que nos inspiran de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo.

En lo personal, deseo heredar a mis hijos honestidad, amor al prójimo y a la patria; y, en lo público, seguiré unido a muchos mexicanos que buscamos desterrar atrocidades, la peste de la corrupción y de la desigualdad social.

Vamos pues, todos juntos, a seguir luchando para vivir con dignidad, nosotros y las nuevas generaciones, en una sociedad más próspera, justa y fraterna. Y no dejemos de recordar lo que decía Lope de Vega: en “empresa de tanta gloria, solo intentarlo es victoria”.

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!

Palacio Nacional, Recinto Parlamentario, 1 de julio de 2020

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