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la nueva oposición que AMLO no puede apagar #AMLO

mayo 1, 2021


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La imagen de la valla metálica que puso el Gobierno mexicano alrededor del Palacio Nacional el 8 de marzo, para protegerse de los ataques de las manifestantes radicales es el símbolo del uno de los frentes más importante de resistencia al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Entre cruces, velas y frases, para recordar a las casi 4.000 mujeres que son asesinadas cada año, estaba pintado el nombre de Nicole: una niña de siete años, que fue vista por última vez una semana antes cuando salió a dar un paseo en bicicleta por su urbanización. Al día siguiente del Día Internacional de la Mujer, su cuerpo fue encontrado sin vida. La mataron. Murió asfixiada. Cerca de su nombre en aquella falda de metal que cubría el búnker de Andrés Manuel López Obrador, una pintada decía: “Si un día no aparezco, no prendan velas, quémenlo todo”.

¿Tiene López Obrador una cuenta pendiente con la sociedad mexicana, donde el hampa, el silencio político y la impunidad se cobran la vida de más de diez mujeres todos los días? “Sí” responden abogadas, activistas y mexicanas víctimas de abusos a este diario. Y dan la misma respuesta cuando son preguntadas si están indignadas por el hecho de que un funcionario acusado de violación pudiera aspirar hasta esta semana (con la protección del Gobierno) a uno de los máximos cargos políticos.

Nicole es el nombre y bandera de quienes confrontan la falta de voluntad para plantarle cara al cáncer político y social que permite que a una mujer (independientemente de su edad o estrato socioeconómico) la desaparezcan, la violen o la maten. Y, por supuesto, en la mayoría de los casos, sin que nadie sea castigado por ello. Hoy es Nicole, pero antes fueron otras muchas. El año pasado, por ejemplo, fue Fátima Aldrighetti, otra pequeña, también de siete años, cuyo cadáver apareció dentro una bolsa de plástico en un terreno sin dueño, cinco días después de que fuese raptada al salir del colegio. Fue torturada y violada. Y su caso, escabroso hasta la médula, considera abusos sexuales previos por parte del padre, exhibe a una red de extorsionadores y lanza un sinfín de incógnitas aún por resolver.

Foto: Colectivos y organizaciones feministas protestan este martes frente al Palacio Nacional por la muerte de Fátima. (EFE)

Pero esos nombres son solo dos de una lista que cada día alarga más su punto final. ¿Las cifras? Entre 2007 y 2015, 19.747 mujeres fueron asesinadas. En 2016 y 2017, el número de feminicidios diarios pasó de ocho a nueve; y a partir de 2018, cada día, más de diez mujeres mueren violentamente. El ilustre periodista argentino Tomás Eloy Martínez decía que los números impactaban, pero no conmovían. Tal vez eso mismo suceda en México, donde las cifras siempre son opacas y donde la realidad, fuera de los números oficiales, no solo conmueve, sino que resulta desgarradora e inverosímil. ¿Por qué? Porque en ese país las violaciones, desapariciones y asesinatos no siempre son denunciados. Porque allí, si un funcionario comete uno de estos crímenes es posible que no pase nada. Claro, siempre y cuando sea leal al Gobierno en turno.

El caso ‘Salgado Macedonio’: lealtad política que encubre delitos sexuales

No es sencillo comprender la violenta realidad que viven las mujeres en México. Para comenzar a digerir la magnitud del problema es imprescindible considerar que en todos los niveles de la administración pública opera un silencio y una opacidad judicial, fruto de una corrupción extendida hasta la metástasis, que ampara delitos y abusos.

Basta con repasar el reciente y polémico caso del político y exsenador Félix Salgado Macedonio para comprobar que la relación entre la corrupción, la violencia, y la impunidad, ha dejado como resultado a una sociedad que quiere ‘quemarlo todo’, porque no confía más en el Estado como garante de la seguridad. Cinco días después del Día Internacional de la Mujer, Morena (el partido político de López Obrador) anunció el nombre de ese particular funcionario como su candidato para gobernador por el estado de Guerrero (uno de los más violentos) de cara a las próximas elecciones locales del 6 de junio. Resulta que a finales del año pasado, varios medios mexicanos sacaron a la luz que tenía (por lo menos) cinco acusaciones por abuso sexual: dos por violación, y tres por acoso y abuso. No obstante, la cúpula del partido y el gremio lopezobradorista siguieron avalando su candidatura para el máximo cargo local.

Proyección en la fachada del Palacio Nacional de México durante las manifestaciones del 8 de marzo. (EFE)

¿Y ante la indignación de la sociedad? Ante eso, López Obrador solo ha respondido con silencio, o con evasivas disparatadas que ponen en jaque la institucionalidad del país, cosas como: “¿por qué impedir que el pueblo sea el que decida?”, “Sanciónenlo, pero no le quiten el derecho a participar”, o “Que sea el pueblo el que decida si es mal candidato”. Recordemos que una de las frases gigantes proyectadas con luz hacia el Palacio Nacional, durante las manifestaciones del 8 de marzo, rezaba: “Un violador no será gobernador”. Sin embargo, parece que ese mensaje sigue siendo parte de esos datos que el ejecutivo siempre se niega a admitir y a considerar (a menudo, López Obrador se defiende ante la oposición con la icónica frase: “Yo tengo otros datos”).

Pero el ‘quid’ de este asunto no solo es que el partido del presidente defienda la candidatura de alguien acusado de graves delitos sexuales, sino los motivos por los que el INE (Instituto Nacional Electoral) anuló finalmente su candidatura. ¿Cuáles fueron? Simplemente que Salgado Macedonio no presentó el informe de gastos de su precampaña en tiempo y forma. Es decir, por una minucia meramente burocrática. ¿Y las denuncias por abuso sexual? Ninguna de ellas fueron impedimento para que sus aspiraciones políticas continuaran. Mucho menos, el hecho de que hubiese amenazado de muerte públicamente a los consejeros electorales de quienes dependía la continuidad o anulación de su candidatura (en uno de sus mítines exhibió un ataúd con la fotografía de uno de ellos).

Félix Salgado Macedonio, excandidato de Morena a la gobernatura de Guerrero. (EFE)

Al respecto, el periodista y escritor argentino, Diego Fonseca, publicó una dura columna en ‘The New York Times’, titulada ‘Félix Salgado Macedonio es Morena’. “La violencia debe ser condenada, en discurso y, sobre todo, en acto. La justicia, por ejemplo, debe actuar de oficio contra Salgado Macedonio por amenazas directas de violencia. Y Morena debería cortar vínculos y expulsarlo del partido. Pero no sucederá, pues Macedonio es Morena”. Y zanja: “ desnuda el sentimiento íntimo de la organización: caudillismo conservador hijo de otra época, incapaz de convivir con la prensa, la oposición, la sociedad civil y las instituciones democráticas del siglo XXI”.

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Todo parece que el partido en el poder le debe algo a ese hombre. La escritora Ángeles Mastretta pone el dedo sobre la llaga preguntándose exactamente eso: “¿Qué le deben (en Morena) a Salgado Macedonio?”, lanzó, indignada, en una entrevista para una radio mexicana. Por supuesto, porque no concibe que el único argumento en defensa de ese funcionario sea que no tiene (aún) una sentencia en su contra, pese a los graves delitos sexuales por los que está acusado, y eso le permita conservar sus derechos políticos.

La situación es grave, no solo porque México se ha convertido en un cementerio clandestino de mujeres, sino por la impunidad que lo permite. Al respecto, la investigación ‘Impunidad en homicidio doloso y feminicidio: reporte 2020’ del portal Impunidad Cero, lanza datos escalofriantes: en cinco años los feminicidios aumentaron 137% y durante 2020 (considerado como el más violento de la historia) la mitad de ellos quedó impune. Y, por ejemplo, de diez mujeres asesinadas en Guerrero (el tan anhelado estado de Félix Salgado Macedonio) la probabilidad de que alguien sea castigado por eso es menor al 1%. Peor es el caso de Baja California Sur (un conocido destino turístico para los californianos): ahí, si a una mujer la violan y la matan, la probabilidad de que alguien vaya a la cárcel por ese motivo es del 0%.

Foto: Daniel Orrantia, jornalero de la nuez, en la coronación de la presa La Boquilla, tomada por los campesinos tras enfrentarse con los militares. (A. S.)
Nuez, agua y bala en Chihuahua

Aitor Sáez. Chihuahua (México)

“El Gobierno nunca ha hecho algo por nosotras”

Fueron dos las condiciones que pusieron para aceptar esta entrevista: aparecer encapuchadas (vía Zoom), y tener la voz distorsionada. ¿El motivo? “la imparable persecución contra las activistas”, zanjaron. Confesaron, también, que el periodista que escribe estas líneas es el primer varón al que conceden una entrevista.

Basta con darse un chapuzón en la cuenta de Twitter de ‘Mujeres de la Sal’ (una “colectiva feminista y radical”, como así se autodefinen) para encontrar historias como las de Iris, Reyna, Esmeralda, Andrea: cuatro mujeres que fueron asesinadas por hombres “que decían amarlas”. Hombres que, por supuesto, siguen libres. Por eso, al ser preguntadas sobre su postura acerca del actual Gobierno, no dudan en responder: “Sabemos que las mujeres no somos la prioridad del Gobierno. Ni en este, ni lo hemos sido para los anteriores… Y no es que no exista voluntad política para resolver los feminicidios, en el Gobierno saben perfectamente todo lo que han decidido ignorar y permitir”.

Se llaman ‘Mujeres de la Sal’ porque son de Salina Cruz, una localidad costera en el sureño estado de Oaxaca, específicamente en la zona del Itsmo (considerada, dentro del mismo estado, como la más peligrosa para ser mujer) donde, “la violencia contra ellas está muy normalizada y muy arraigada”, como así lo cuentan a este diario. Allí, de acuerdo con el reporte de ‘Impunidad Cero’, cuando una mujer es asesinada la probabilidad de que se inicie una investigación, se celebre un juicio y que alguien entre en prisión, es la misma que en Baja California sur: el 0%.

¿Tiene una cuenta pendiente el actual Gobierno con las mujeres? “Sí la tiene. El Gobierno (al que consideran como “la máxima expresión del patriarcado”) nunca se ha preocupado por hacer frente al problema de los feminicidios”, responde, firme. ¿Desde las altas esferas del Gobierno han sido protegidos miembros de redes de trata y a consumidores de prostitución? “Sí, y a todos los niveles. Si tú supieras los casos que llegan a nosotras. A mujeres maltratadas, explotadas, me refiero. Después de investigar quiénes son las parejas de estas chicas, aparecen políticos, agentes ministeriales, funcionarios…”, cuenta.

La radicalización de colectivos como este no es una casualidad. La fotografía que describen sobre su lugar de origen es una en la que todas las actividades del crimen organizado han echado raíces muy difíciles de arrancar y donde muchas mujeres sencillamente han sido tratadas como mercancía. Al respecto cuenta un caso reciente muy sospechoso. “Aquí hay ‘huachicol’ –venta de combustible robado, otra promesa incumplida de López Obrador, ya que prometió erradicarlo desde el inicio de su mandato– hay narcotráfico, hay venta de drogas. Y, por supuesto, también hay prostitución y venta de mujeres y niñas. Hace unos meses, nos enteramos de que en Huatulco (una ciudad y conocido destino turístico de la zona) una supuesta maquiladora comenzó a reclutar mujeres para trabajar en ella. Pero todos sabemos que esa industria en esta zona no existe”.

El número de mujeres y de niñas desaparecidas se ha disparado. De marzo del año pasado a marzo de 2021, 400 mujeres han desaparecido en Oaxaca (de acuerdo con los casos registrados en la Plataforma de Violencia Feminicida). El 56% de ellas (225 casos) tienen entre 1 y 17 años; el 21.5% (86 casos) son jóvenes entre 18 y 29 años; el 13.5% (54 casos) son de mujeres con más de 30 años de edad; de los 35 casos restantes ni siquiera se tiene esa información.

Protesta contra los feminicidios y la violencia de género en Guadalajara, México. (Reuters)

Más de la mitad de los feminicidios ocurre en espacios públicos. Los asesinos ya no se toman la molestia de disimular su brutalidad: a diario siguen apareciendo mujeres sin vida; a veces solo trozos de ellas. Muchas tienen heridas de arma blanca, marcas de tortura o violación. Otras (muchas) ni siquiera han sido identificadas, solo han aparecido en caminos despoblados, flotando en ríos lejanos, o escondidas entre la tierra de suelos ajenos.

«Una interminable historia de terror»

«Una interminable historia de terror”. Así es como la prestigiosa abogada Patricia Olamendi describe la situación de muchas mujeres en su país. Negación. Eso es lo más preocupante para ella sobre la postura del actual Gobierno frente la incontrolable violencia hacia la mujer. También para ella el proyecto lopezobradorista tiene una cuenta muy pendiente con la sociedad.

Cuando El Confidencial habló con Olamendi, Félix Salgado Macedonio aún conservaba su candidatura. Al respecto dijo lo siguiente: “Como mujer me siento muy indignada por el futuro de México. Guerrero es un estado con un altísimo nivel de violencia sexual contra niñas y niños. Acapulco (principal destino turístico de ese estado) es conocido por eso. Se sabe que hay explotación sexual, venta de niños y de niñas y matrimonio infantil. Y, por supuesto, trata de personas”. Su indignación, aseguró, era más por el hecho de que Morena avalara la candidatura de un presunto violador.

“Tenemos un problema que rebasa los límites de lo imaginable en otros países”, confiesa. “La postura de este Gobierno ha sido siempre la de la confrontación”. Para la abogada, sencillamente, el panorama es muy gris, porque cuenta que el caso de Macedonio no es el único agresor en las altas esferas políticas. “Quizás, el suyo sea el más grave, por la importancia del cargo que pretende, pero definitivamente no es el único”, afirma.

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Foto: Más allá de George Floyd: el asesinato de Victoria Salazar. Foto: Efe

La entrevista continuó, y Olamendi puso sobre la mesa los casos de Inés Fernández Ortega y el de Valentina Rosendo Cantú, dos mujeres indígenas (de Guerrero) que fueron violadas por miembros del ejército mexicano, y cuyas denuncias derivaron en una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado mexicano.

La historia de terror que cuenta, agrega, no solo es para las mujeres, sino para todos “los hombres decentes” y la sociedad a la que el Gobierno ha dado la espalda. ¿Es insostenible ya la situación? Su respuesta son cifras: 3.753 mujeres asesinadas durante 2020 (tomando en cuenta la pandemia y los confinamientos); 67.000 mujeres atendidas por fracturas, golpes y quemaduras; 220.000 denuncias de mujeres por actos de violencia; y por último, las 4.267 niñas y mujeres desaparecidas en los dos años y medio que van del proyecto político que López Obrador llama ‘la cuarta transformación’.

Esas son las cifras oficiales. Las reales serán mucho mayores. “Por supuesto”, respondió Olamendi.

Se pierde hasta el asombro

Del otro lado de la pantalla (y del Atlántico) está Arussi Unda. Su perfil, en la lista de las 100 personas más influyentes de 2020, según la revista Time, lo escribió la periodista y compatriota suya, Lydia Cacho. Esa misma distinción se la otorgó la BBC. No obstante, con El Confidencial se muestra relajada, abierta, y cómoda. Fuma, dice tacos, y suelta alguna broma. Se aleja de la corrección política, incluso cuestionando algunas posturas del movimiento feminista, pero si algo defiende es que no son solo diez las mujeres que aparecen muertas todos los días.

Esta mercadóloga y activista mexicana es la vocera del popular colectivo ‘Brujas del mar’, y una de las principales promotoras de la ‘megamarcha’ del 8 de marzo de 2020 (la primera gran manifestación feminista en ese país). Comienza la conversación con este diario y es el tema de Salgado Macedonio el que abre. Para ella, él representa “todo lo que está mal en este país”. Lo considera como la encarnación misma la corrupción, la violencia, la impunidad, y, por supuesto, del machismo y de que la vida de una mujer en México no vale nada. E, igual que Ángeles Mastretta, se pregunta “¿por qué tanta insistencia (por parte de Morena y de López Obrador) en que hubiese sido él el candidato?”.

¿Está protegido desde el Gobierno? “Totalmente. Hemos visto no solo al presidente de la nación, sino al presidente de Morena acompañándolo en todos sus berrinches, en sus mítines, en sus manifestaciones. Cualquiera con dos dedos de frente puede comprobar que sí está protegido”, responde. Y cuenta también que cuando se tambaleaba la candidatura de Macedonio, hubo gente dentro de su partido que se manifestó para ocupar ese puesto, pero que “desde arriba” les dijeron “No. Va a ser él”. Y eso, en su opinión, es algo que ha dañado hasta los cimientos a Morena (partido por el que ella jamás ha votado).

Hablemos de las ‘cifras invisibles’. No son solo 10 mujeres asesinadas por día. “No, son muchas más. Ya no sabemos cuántas son. Vivimos en un país en el que hay incontables fosas clandestinas. Aquí, en Veracruz, es donde está la fosa con cuerpos no identificados más grande de Latinoamérica. Y ¿qué pasa si el cuerpo no está identificado? Pues que sin cuerpo no hay delito”, dice Arussi Unda.

Burocracia al servicio de la impunidad. Para ella, desde todos los niveles de la administración se hacen grandes esfuerzos para que un feminicidio no sea clasificado como tal: ‘suicidio‘, ‘homicidio doloso’, son algunas clasificaciones que reciben. Y cuenta un caso reciente en el que un hombre mató a su hijastra a golpes, después de violarla. El delito fue clasificado como ‘lesiones’.

Después saca el caso de María, Danna y Obdulia (madre, hija y abuela, respectivamente). Tres mujeres encarceladas cumpliendo una condena por la muerte de Pedro, el marido y maltratador de María. Él murió (no se sabe bien cómo) en un forcejeo con María y Danna. La hija intentaba auxiliar a su madre tras la brutal paliza que recibía por parte de Pedro, otra de tantas. Resulta que, cuando Obdulia llegó, también lo hizo la policía y las tres mujeres fueron detenidas. Sin embargo, María había llamado ya al 911 (número de emergencia) varias veces, pero sus peticiones de auxilio jamás fueron atendidas. Lo mismo a la policía para pedir ayuda, pero ellos jamás se presentaron (existen los registros de esas llamadas). Pedro ya tenía varias denuncias por violencia familiar, pero hoy está muerto y ellas en prisión (con amenazas de muerte por la familia de él). Entonces Arussi se pregunta: “¿Qué tendría que haber sucedido para que este caso llamara la atención? ¿Que Pedro hubiese matado primero a María en una de las tantas golpizas que le daba? Si hubiera sido así, Danna y Obdulia estarían hoy en un eterno peregrinaje como miles de mujeres que piden justicia para sus víctimas?”. Y zanja: “en este sistema, como mujer, estás abandonada”.

Foto: El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. (Foto: Reuters)

Pero para Arussi –pese a ser muy crítica con el gobierno actual, y a haber sido acosada y atacada por la ‘Red AMLO’ – un ejército de ‘soldados’ digitales que bloquean y atacan a quienes descalifican a la ‘cuarta transformación’– López Obrador y Morena no son el gran problema. “Si este güey (AMLO) se muere mañana, el machismo y los feminicidios continuarán. Él, claro, es el responsable de la situación, pero no es el origen problema. La bronca no es contra él, sino contra el sistema misógino que permite que las mujeres seamos ciudadanas de segunda, que no tengamos acceso a los derechos más básicos ni a la justicia, que nosotras tengamos que rompernos la madre (luchar, en argot mexicano) para tener el mismo reconocimiento que un hombre”, zanja.

Y es que para ella el feminismo no es una moda ni una cuestión menor. Para ella es una toma de acción política, una postura definida. “Indignarse porque a una niña la han violado y luego asesinado no es ser feminista. Indignarse por eso es lo mínimo que puede hacer una persona normal, una persona sana. Ser feminista es otra cosa, es tener una postura política”, lanza.

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Retomando ‘la cifra invisible’, suelta: “la violencia nos ha quitado muchas cosas, pero lo más cabrón es que nos ha quitado la capacidad de asombro”. Y es que hoy en México si una historia no es digna de un filme de terror no tiene impacto político ni mediático. En pocas palabras, si el asesinato de una mujer no es en condiciones abominables, no aparecerá en los diarios. “¿Qué más nos tiene que pasar?”, se pregunta. Aparece el silencio.

Después de unos momentos, esa interrogante sin aparente respuesta le regala la memoria de un momento incómodo: cuando se enteró que el mismo 8 de marzo de 2020 (el de la ‘megamarcha’), una mujer había aparecido muerta en su propio municipio. “Ese día, en una entrevista, me preguntaron sobre la importancia que tenía todo esto, y les respondí… “si me lo preguntas en este momento, te diré que nada. Total, mañana será día 9, uno como cualquier otro, y otra mujer aparecerá muerta”. Confiesa que tal vez se equivocó dando esa respuesta, pero de lo que no se arrepiente es de la indignación y del dolor que la llevó a decir eso. Sobre todo, porque el 8 de marzo del presente año sucedió lo mismo: otra chica apareció muerta no muy lejos de su casa.

Protesta contra los feminicidios en la Ciudad de México. (Reuters)

“Sin mujeres no hay democracia”

Son las 9 de la mañana en México e Yndira Sandoval recibe la llamada de El Confidencial para esta pieza. Solo había dormido unas cuantas horas. Estuvo trabajando “con un caso muy duro” hasta pasadas las cuatro de la mañana. Al caso al que se refiere esta abogada y activista feminista, considerada como una de las 20 mujeres más influyentes en la capital mexicana, es al de un chico de 15 años que fue drogado y agredido sexualmente por un diputado federal. Ella estuvo asesorando a la familia, mientras el funcionario, después de un par de horas detenido, ya estaba libre.

Yndira es impulsora de una propuesta legal llamada ‘3 de 3 vs. violencia’, que impone tres requisitos a los varones que aspiren a algún cargo público: no ser morosos respecto a alguna pensión alimenticia; no ser un acosador, ni estar acusado de agresiones por cuestiones de género. Ella, igual que el resto de voces en este texto, alza su voz por la indignación al saber que en México los agresores sexuales gozan de protección, más cuando forman parte del Gobierno. Y es que Sandoval sabe muy bien de eso, pues ella misma es una “sobreviviente de tortura sexual”, como así lo define, por un episodio en el que “elementos del Estado” la agredieron en 2017.

El poder por el poder. También con ella sale el tema de Salgado Macedonio y deja muy claro que el mensaje del Gobierno es: “evasores fiscales no, violadores sí”. “El metamensaje es que tengas en orden tus cuentas e informes financieros, pero no importa si eres un violador, golpeador, proxeneta, pedófilo o acosador. ¿Sabes por qué? Pues porque la vida de las mujeres no les importa. A los políticos solo les importa el poder por el poder”, espeta.

No escatima en crudeza cuando habla de la anquilosada misoginia en la administración y en la urgente necesidad de que las transformaciones que busca la sociedad mexicana nazcan de los colectivos feministas. ¿Por qué? Pues porque ella no soporta que el presidente haya manifestado su apoyo a un agresor sexual que pretende un cargo público. “Eso lo convierte en cómplice (a López Obrador), y no representa más que la institucionalidad de la misoginia”, sentencia.

Foto: El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. (EFE)

Sandoval no para de lanzar dardos al gobierno. “Estamos ante una orfandad institucional que se basa en un pacto patriarcal”; “… se han recortado todos los fondos para la prevención de la violencia hacia la mujer, ¿dónde están las prioridades de este Gobierno? No lo sé, pero, sin duda, no en las mujeres”; “… hablamos de la criminalización de la protesta, de la polarización política de la sociedad, se ha llegado a un reduccionismo muy básico de la misma desde el discurso oficial, estamos hablando de un Gobierno misógino que ha declarado a las feministas como sus enemigas públicas”.

Después hace un análisis del deterioro político y social que se está llevando a cabo la ‘cuarta transformación’. ¿Es acaso el panorama de una guerra? “Sí. México cuenta con todos los elementos para considerar un escenario bélico, pero internamente. Solo que esa guerra se está escribiendo sobre la línea de las mujeres”.

No para ahí. Otra de las críticas que hace es a la fraseología de López Obrador cuando dice “primero los pobres”. Ella dice que eso carece de toda congruencia, porque las más pobres en su país son las mujeres. Porque son las ‘sin nombre’ que aparecen en las fosas clandestinas, las ‘sin justicia’, las ‘sin valor’, las que son explotadas, las que ganan menos que un hombre en un puesto laboral. Cuestionada sobre si esperaba algo diferente de este Gobierno (ella ha votado por López Obrador en las tres últimas elecciones presidenciales: 2006, 2012, y 2018), responde que “las mujeres hemos estado en los procesos de democratización, pero ellos no nos han visto. Las mujeres somos las proletarias, somos el proletariado. Ninguna lucha social, por más incluyente que se diga, si no coloca al frente los derechos humanos de las mujeres, nunca será una transformación. Y cuando digo al frente, no lo digo como complemento o como moños rosas en las solapas de los políticos”.

Cuando esta entrevista estaba por finalizar, Sandoval recordó que junto a ‘Brujas del Mar’ han desarrollado una iniciativa, de cara a las elecciones locales de junio, llamada ‘Observatoria Ciudadana Todas MX’, en la que llevan un contador de los casos de denuncias sexuales (entre otros delitos) cometidos por cada partido político. ¿Lo relevante? Morena encabeza la lista de denuncias por violaciones. Tiene un total de 24 denuncias por agresiones (contabilizados hasta el 19 de abril de 2021). Nueve de ellos son por violencia sexual; once por violencia familiar; dos casos de deudores y también dos casos por ‘violencia de género en otros ámbitos’. El siguiente partido político con más casos es el PAN (derecha), con cuatro casos de violencia sexual y un total de siete agresiones.





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